martes, 18 de febrero de 2014

OSCURIDADES EN EL COLEGIO VALDELUZ



"Es como el hielo. No se inmutó. No dijo nada pese a la gravedad de las acusaciones". Son palabras de uno de los investigadores del Servicio de Atención a la Familia (SAF) de la Policía que estos días han asistido a las víctimas de Andrés D. profesor del colegio Valdeluz, encarcelado por ocho delitos de abuso sexual aunque ya han denunciado quince chicas. "Es un pederasta de libro", señala la misma fuente. En el SAF están alarmados porque la edad de las víctimas ha ido bajando a medida que se recogían más denuncias (la más pequeña tiene solo 6 años) y porque existen indicios de que podría llevar actuando cerca de veinte años. De hecho, el profesor de música, antes fraile agustino, ha sido señalado por una alumna del centro musical de Majadahonda donde dio clases antes de recalar en el Valdeluz y montar la escuela de música anexa, lugar en el que supuestamente cometía los abusos.

Según el atestado policial, el docente cometió también una violación y un delito de exhibicionismo, si bien el juez no le ha imputado ninguno de estos dos delitos. "La lista de los abusos en caso de ser condenado ya acarrea una importante pena, quizá sea una forma de unificar", explican las fuentes, desarmadas ante la actitud del detenido tanto cuando se le comunicó el motivo de su arresto como en las dependencias policiales. Quien se derrumbó y no soportó el interrogatorio fue el jefe de estudios del colegio, este sí religioso. Declaraba como testigo cuando fue detenido. Reconoció que en 2007 una alumna y sus padres le hablaron de esos posibles abusos, que él lo comunicó al director Eustaquio I., pero nadie hizo nada. Ni entonces ni en los casi siete años siguientes. Sentía remordimientos. Una de las últimas denunciantes ha explicado a la Policía que hace dos años recurrió al director para denunciar lo que ocurría y la oyeron como al sonido de la lluvia mansa.   
   
Tampoco el CIASI, dependiente de la Comunidad de Madrid y concebido para ayudar a este tipo de víctimas infantiles, recurrió a la Fiscalía ni a la Policía pese a que sus psicológos dieron credibilidad a la chica de 17 años que acudió a este centro con sus padres en 2007. Tampoco se preocuparon de averiguar si había más víctimas. Hace unas semanas, tal vez meses, algunas de las niñas/adolescentes a las que Andrés persiguió se organizaron a través de un grupo de whatsApp. Tres días antes de ir a la Policía llamaron para ver qué pasos habían de seguir. Llegaron 17 personas de golpe, entre crías (algunas ya son mujeres), familiares y abogada. Y ahí empezó a encenderse algo de luz para alumbrar las oscuridades que habían quedado ocultas tras los muros del colegio y el silencio cómplice.   

No existe ningún indicio de que en el Valdeluz haya funcionado un trama pero lo cierto es que el director de este centro entre 1998 y 2001 Juan Carlos H. también fue arrestado en diciembre de 2012 por tenencia de pornografía infantil en el marco de la operación Espada en la que cayeron otros 347 hombres. Una empresa de Toronto (Canadá) Azov Films vendía las llamadas películas "soft", en las que aparecían niños desnudos y en posturas sexuales. Los investigadores canadienses concluyeron que se vulneraba la ley. 

Pese a que en estas cintas no había pederastia las pesquisas destaparon e identificaron a niños en Rumanía, Ucrania y Alemania de los que abusaban individuos antes y después de las grabaciones. En una operación internacional se detuvo e imputó a todos los clientes que habían comprado ese material y entre ellos estaba el ex director del Valdeluz que en ese momento daba clase en otro colegio de los Agustinos en Málaga (se le requisó gran cantidad de pornografía infantil encriptada) y que fue apartado de la docencia y del centro. 

Muchos alumnos del colegio madrileño sostienen que nunca sospecharon de Andrés D. y sienten que se está atacando al centro y generalizando respecto a una conducta individual. Pero no. La conducta pudo ser individual (la culpabilidad o no la determinará un juez en su momento), pero la omisión y el silencio que se impuso desde la dirección del centro traspasa ese límite. Vuelvo a las palabras del investigador del SAF, harto de ver desfilar por su mesa a todo tipo de desalmados: "Es un pederasta de libro" y los pederastas de libro no paran nunca. Si no los frenan, siguen cazando entre las presas más vulnerables. No sirve mirar a la acera de enfrente.    

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