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lunes, 24 de marzo de 2014

"APOYO URGENTE. NOS ESTÁN AGREDIENDO. NO PODEMOS MÁS"






"Apoyo urgente, apoyo urgente, nos están tirando adoquines" tronaban los equipos de transmisiones. "Solicito empleo uso material". "Nos están agrediendo. No podemos más". Y al otro lado silencio. El silencio más indigno e incompetente que recuerdan los uiperos veteranos. Eran las 20.20 horas del sábado y las llamadas "Marchas de la Dignidad", autorizadas y legítimas, habían derivado ya en un salvaje espectáculo, una guerrilla urbana con un objetivo: acorralar a los policías y destrozar como una manada en estampida lo que encontraba a su paso. 

Es la tónica de las manifestaciones en Madrid desde hace un tiempo: mudar la lógica y esperable reivindicación de quienes peor lo están pasando en batallas desiguales y consentidas. Pero lo de ayer marcará un punto y aparte porque mientras los valientes guerreros embozados atacaban con hierros, palos, adoquines de un kilo y armas blancas a un grupo entero de la Unidad de Intervención Policial (el grupo 7) en el Paseo de Recoletos y estos pedían ayuda desesperadamente a través de las emisoras, al otro lado sus jefes callaban y los abandonaban a su suerte, según denuncian quienes estaban de servicio. El comisario general de Seguridad Ciudadana, Florentino Villabona, el jefe de las UIP, José Miguel Ruiz Iguzquiza, y el jefe de la Primera UIP, Francisco Javier Virseda Serna ("Puma") estaban muy cerca y durante más de media hora no ordenaron ni que se actuara ni que se les apoyara. "Estamos aislados. Solicito empleo uso material" (es decir, material antidisturbios: salvas y pelotas de goma).  

Los grupos en reacción se encontraban a solo unos metros y no se les dejó apoyar. El uso de material antidisturbios solo se permitió cuando ya era tarde. Consecuencia: 67 policías heridos, 40 de ellos del grupo 7 de la UIP.  A Pedro, inspector, el jefe de ese grupo le abrieron la cabeza. Le quitaron el casco a puntapiés y le siguieron pateando. Su cabeza cosida con once puntos no necesita más aclaraciones. A otro de sus hombres, el subinspector, le asestaron dos puñaladas con lanza casera y tornillo. Si no hubiera llevado el chaleco antitrauma, lo habrían matado. 

"Nunca vi nada igual. Veíamos llegar continuamente Samur y sabíamos que era para atender a nuestros compañeros. Se les oía gritar y pedir auxilio, decían que no aguantaban más... La rabia y la impotencia que sentí es difícil de explicar". Habla un agente que lleva más de veinte años en el Cuerpo, casi una década en la UIP. "No hubo órdenes de mover grupos para apoyar a los compañeros; los estaba atacando... Creo que ha sido la peor experiencia de mi vida. Los equipos de transmisiones mudos esperando la orden y nada. Bastaba con decir: "uso de material ya. simplemente eso". Me hirvió la sangre", cuenta este veterano.

Había nada más y nada menos que 33 grupos operativos desplegados formados por entre 45 y 50 hombres cada uno, llegados de Madrid, Sevilla, Valencia, Pamplona, Canarias, Valladolid y La Coruña. "Puma" estaba al frente, por encima de él, Marte, y Puma 1, 2 y 3 eran los tres coordinadores a las órdenes de Puma, con varios grupos a su cargo. Un engranaje, en teoría, bien engrasado al que ayer le chirriaron las piezas. "Éramos los número uno en orden público, la envidia de Europa. Hasta ayer. Además había ocho observadores internacionales para ver nuestro trabajo y nos cubrimos de gloria".

Los cuatro sindicatos que aglutinan a casi todo el Cuerpo (SUP, CEP, UFP y SPP) van a convocar una concentración el próximo miércoles a las puertas del centro policial de Moratalaz, donde tiene su base la UIP. Es el inicio del calendario de movilizaciones, si para entonces Interior no ha cesado a los máximos responsables de lo ocurrido ayer a juicio de los agentes: el comisario general de Seguridad Ciudadana, el jefe de las UIP y el jefe de la 1 UIP "por su inoperancia ante los graves hechos acontecidos". 

"Ayer ganaron ellos, pero perdimos todos", reflexiona con amargura el agente. 24 detenidos, 67 policías heridos y la creciente sensación de impunidad. Era una marcha por la dignidad, pero ni los manifestantes (entre los que se colaron los de siempre) ni los mandos aguantan un pase de fotos o vídeos de Recoletos a cámara lenta. "Nos dejaron solos". Quizá sea el mejor resumen. 


martes, 18 de febrero de 2014

OSCURIDADES EN EL COLEGIO VALDELUZ



"Es como el hielo. No se inmutó. No dijo nada pese a la gravedad de las acusaciones". Son palabras de uno de los investigadores del Servicio de Atención a la Familia (SAF) de la Policía que estos días han asistido a las víctimas de Andrés D. profesor del colegio Valdeluz, encarcelado por ocho delitos de abuso sexual aunque ya han denunciado quince chicas. "Es un pederasta de libro", señala la misma fuente. En el SAF están alarmados porque la edad de las víctimas ha ido bajando a medida que se recogían más denuncias (la más pequeña tiene solo 6 años) y porque existen indicios de que podría llevar actuando cerca de veinte años. De hecho, el profesor de música, antes fraile agustino, ha sido señalado por una alumna del centro musical de Majadahonda donde dio clases antes de recalar en el Valdeluz y montar la escuela de música anexa, lugar en el que supuestamente cometía los abusos.

Según el atestado policial, el docente cometió también una violación y un delito de exhibicionismo, si bien el juez no le ha imputado ninguno de estos dos delitos. "La lista de los abusos en caso de ser condenado ya acarrea una importante pena, quizá sea una forma de unificar", explican las fuentes, desarmadas ante la actitud del detenido tanto cuando se le comunicó el motivo de su arresto como en las dependencias policiales. Quien se derrumbó y no soportó el interrogatorio fue el jefe de estudios del colegio, este sí religioso. Declaraba como testigo cuando fue detenido. Reconoció que en 2007 una alumna y sus padres le hablaron de esos posibles abusos, que él lo comunicó al director Eustaquio I., pero nadie hizo nada. Ni entonces ni en los casi siete años siguientes. Sentía remordimientos. Una de las últimas denunciantes ha explicado a la Policía que hace dos años recurrió al director para denunciar lo que ocurría y la oyeron como al sonido de la lluvia mansa.   
   
Tampoco el CIASI, dependiente de la Comunidad de Madrid y concebido para ayudar a este tipo de víctimas infantiles, recurrió a la Fiscalía ni a la Policía pese a que sus psicológos dieron credibilidad a la chica de 17 años que acudió a este centro con sus padres en 2007. Tampoco se preocuparon de averiguar si había más víctimas. Hace unas semanas, tal vez meses, algunas de las niñas/adolescentes a las que Andrés persiguió se organizaron a través de un grupo de whatsApp. Tres días antes de ir a la Policía llamaron para ver qué pasos habían de seguir. Llegaron 17 personas de golpe, entre crías (algunas ya son mujeres), familiares y abogada. Y ahí empezó a encenderse algo de luz para alumbrar las oscuridades que habían quedado ocultas tras los muros del colegio y el silencio cómplice.   

No existe ningún indicio de que en el Valdeluz haya funcionado un trama pero lo cierto es que el director de este centro entre 1998 y 2001 Juan Carlos H. también fue arrestado en diciembre de 2012 por tenencia de pornografía infantil en el marco de la operación Espada en la que cayeron otros 347 hombres. Una empresa de Toronto (Canadá) Azov Films vendía las llamadas películas "soft", en las que aparecían niños desnudos y en posturas sexuales. Los investigadores canadienses concluyeron que se vulneraba la ley. 

Pese a que en estas cintas no había pederastia las pesquisas destaparon e identificaron a niños en Rumanía, Ucrania y Alemania de los que abusaban individuos antes y después de las grabaciones. En una operación internacional se detuvo e imputó a todos los clientes que habían comprado ese material y entre ellos estaba el ex director del Valdeluz que en ese momento daba clase en otro colegio de los Agustinos en Málaga (se le requisó gran cantidad de pornografía infantil encriptada) y que fue apartado de la docencia y del centro. 

Muchos alumnos del colegio madrileño sostienen que nunca sospecharon de Andrés D. y sienten que se está atacando al centro y generalizando respecto a una conducta individual. Pero no. La conducta pudo ser individual (la culpabilidad o no la determinará un juez en su momento), pero la omisión y el silencio que se impuso desde la dirección del centro traspasa ese límite. Vuelvo a las palabras del investigador del SAF, harto de ver desfilar por su mesa a todo tipo de desalmados: "Es un pederasta de libro" y los pederastas de libro no paran nunca. Si no los frenan, siguen cazando entre las presas más vulnerables. No sirve mirar a la acera de enfrente.    

jueves, 13 de febrero de 2014

HÉROES Y SICARIOS

Héroes y sicarios parecen términos incompatibles, pero en la pesadilla sufrida por la mujer y la hija del periodista Paco González se mezclan de manera asombrosa desde el primer minuto. Y esa mezcla afloró incluso cuando la vida de las dos mujeres pendió del cuchillo empuñado por dos individuos contaminados no se sabe bien de qué, si de locura, de odio, de envidia... Ese diagnóstico corresponde a otros, igual que las motivaciones y el preámbulo de la historia.

Los datos objetivos parten del 15 de septiembre. Ese día, un mendigo habitual de la Terminal 4 de Barajas conoció una historia por azar y, movido por una responsabilidad que ya podían hacer suya otros, actuó. Fernando acudió a la comisaría de Policía del aeropuerto. "Un individuo calvo y bizco de nacionalidad búlgara", explicó, "al que conozco como Palen y del que no puedo aportar más datos de identidad porque solo he mantenido con él alguna conversación esporádica me ha dicho que tengo que personarme en el domicilio situado en (aquí facilitó la dirección del periodista) donde tengo que informar a una mujer española, morena, de entre 40 y 45 años de que unos sicarios búlgaros pretenden asesinarla. Es importante que esté sola sin su marido".

Fernando siguió contando al agente de Policía Judicial que lo atendió los detalles que conocía. Palen le había mostrado fotos donde un individuo tomaba café mientras contrataba a los sicarios, así como la grabación con la conversación de esa siniestra cita en Madrid. Estaban los matones, el contratante (Iván Trepiana) y una mujer, la obsesiva Lorena Gallego, aunque ni ese policía ni el informador sabían de quiénes se trataba ese 15 de septiembre. El mendigo no tenía ni las imágenes ni la grabación, pero aseguró que podría conseguirlas, dado que Palen el búlgaro las conservaba en su teléfono.

El agente tomó nota. Fernando no sabía por qué Palen le había elegido a él como depositario de la historia, ignoraba el grado de implicación del búlgaro e incluso cuál era la veracidad de la misma. El policía trataría luego de localizar al misterioso búlgaro sin resultado. Tampoco Fernando respondió después al móvil que facilitó ni al correo electrónico. De hecho, no lo volvieron a ver por la terminal o así consta en la minuta o nota informativa que se envió desde esa comisaría a la Sección de Homicidios de la Jefatura Superior de Madrid. El informante salió de Barajas con la sensación de que no le habían creído.

La nota está fechada al día siguiente, el 16 de septiembre. Desde Homicidios de la Policía se envió a sus colegas de la Guardia Civil de la Comandancia de Madrid. La Policía no volvió a tener noticias de Fernando hasta que ya era demasiado tarde: el pasado día 5, horas después de que Iván Trepiana y Lorena Gallego asaltaran a la esposa y la hija de Paco González. Fernando estaba en en un bar de Badajoz (tiene familia en esa provincia) cuando vio en televisión lo ocurrido. Salió disparado hacia la comisaría de nuevo. Allí en la Jefatura Superior volvió a contar la historia. "Nos pareció un personaje estrambótico, pero tomamos nota de todo", relata un agente, "y, por supuesto, lo enviamos a Madrid. Estaba indignado porque decía que no le habían hecho caso, que él lo advirtió y que se podía haber evitado".

Sus motivaciones también son un secreto, aunque lo cierto es que él actuó con diligencia. No solo alertó a la Policía, sino que además puso sobre aviso al propio periodista y este a su vez acudió a denunciar en octubre ante la Guardia Civil. Los agentes lograron detener a Pavel, pero ¿qué sicario o aspirante a o delincuente a las puertas confiesa su pecado? Ninguno y sin pruebas no hay delito. A González y su familia se les hicieron vigilancias discretas. Nadie apareció. Unos días antes del intento de homicidio él mismo habló con los agentes y comentó que probablemente el tipo de la fotografía (Iván de quien solo se tenía una imagen) había desistido si es que alguna vez sus intenciones fueron reales...

La víctima, las víctimas, y los investigadores ignoraban que esos dos personajes contaminados de locura, odio, envidia...lo que sea seguían fraguando su chapucero aunque maquiavélico plan. Desconocían que probablemente mientras esa conversación se producía ellos acechaban cerca, camuflados en el anonimato, alimentados de nada. Maite y María, su hija, se salvaron gracias a su propio coraje y gracias a Jesús, que no dudó en frenar al escuchimizado Iván con la puerta del coche y con un golpe seco en la cara que lo devolvió a la vida real y al dolor y lo hizo huir. Ella, embozada y cobarde, cuchillo en mano, falló y le siguió. El héroe uno quizá sea Fernando, ese confidente capaz de romper el silencio. El dos, Jesús, que vio y oyó chillar a sus hijos paralizados por el miedo en su coche, mientras él se lanzaba contra dos donnadies crecidos con el poder de un arma blanca y las horas de la venganza. Ahora les ha llegado el momento de las horas a la sombra.  


sábado, 8 de febrero de 2014

SANGRE DE PERMISO


Rafael Robles García, el asesino muerto durante su persecución


Este hombre, Rafael Robles García, ha muerto hoy en Plasencia. Pero antes ha llevado su ruido y su furia a dos familias y el pánico a una tercera. Desde el día 21 de enero, cuando salió de la cárcel con un permiso de cinco días, ha matado a dos hombres -a los que no conocía de nada- para robar un coche a cada uno y a punto estuvo de acabar también con la vida de un tercero y su bebé. Cincuenta agentes le han dado caza tras perseguirlo en su endiablada carrera hacia la nada. Tenía tres pistolas, una navaja, munición, medicinas, ropa... "No puedo respirar, no puedo respirar", les decía a los agentes que le pusieron las esposas cerca del cobertizo donde se refugió. Cayó fulminado. Ahora se investigará si de un infarto o de la herida de bala que ha visto la forense en su omóplato (sin salida) y que no dejó ni rastro de sangre. "No sabemos aún si hubo un tiroteo o si le ha alcanzado algún disparo", ha explicado el general de la Guardia Civil de Extremadura. 
    
Rafael Robles cumplía condena en Badajoz porque intentó matar a un hombre con el que acababa de tener una discusión de tráfico en 2001. Su lista de antecedentes (agresión con navaja, drogas...) se remonta a 1990. El "angelito" al día siguiente de salir de permiso, el pasado 22 de enero, encañonó a un joven en su garaje de Plasencia y lo obligó a que lo trasladara a la presa del Jerte. Quería llevarse el coche, en el que también viajaba el bebé de la víctima. Este aceleró y logró escapar aunque el delincuente disparó tres veces contra el vehículo. 

El siguiente episodio (aún en investigación) ocurrió una semana después en Cazalegas (Toledo). Allí fue asesinado a tiros otro joven de 28 años que estaba de caza con sus galgos. El asesino huyó con el Kia Sorento de la víctima, que apareció quemado dos días después cerca del tanatorio de Badajoz. Ayer, Robles volvió a actuar y mató a Manuel Tejeda, de 57 años, de un tiro en la nunca en Badajoz. Lo dejó moribundo y huyó con el Ford Focus de la víctima y su teléfono. 

Esta mañana ha sembrado el pánico en las inmediaciones de Plasencia. Lo vio un policía nacional en el coche robado pasadas las diez, conduciendo como un loco. El temor es que el asesino se metiera en una urbanización, que secuestrara a alguien, que volviera a matar. Quería cruzar el río Jerte, pero iba tan crecido que no ha podido. Pasada la una y media de la tarde, tras horas de persecución de la Policía y la Guardia Civil, consiguieron pararlo. Era un permiso ordinario, pero en él dos familias han saltado por los aires. 

Estos han sido los hechos. Acarrean una intrahistoria paralela para mí. Mientras sucedían, necesitaba un pequeño favor (ajeno al asunto) de una de las personas que en esas horas se dejaba la piel y los nervios en busca del criminal. Enfrascada en otros sucesos, desconocía que se estaba produciendo esa persecución. Mi interlocutor, un viejo y querido conocido, con su calma habitual me ha respondido: "Ahora no puedo, Cruz. En cuanto tenga unos minutos hablamos". En menos de una hora tenía mi respuesta. No me ha mencionado ni una palabra sobre la tensión que vivían ni sobre el momento inconveniente de mi llamada. No ha postergado la gestión, solo he notado que tenía mucha prisa. 

La historia se remonta a muchos años atrás, a muchos sinsabores para ambos por la trinchera compartida en ocasiones. Quizá esa sea una de las marcas de identidad del periodismo de sucesos: la lealtad arrastrada en el tiempo; el hoy por ti y mañana ya veremos... Estas pequeñas intrahistorias son las que muchos días nos mantienen atados al oficio, las que otorgan sentido a algún sinsabor a deshora. Él no la leerá, pero eso qué importa. "(...) ya sabes cuánto hay de insuperable en esto de ser hombre"