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domingo, 1 de febrero de 2015

"CHARLIE NICOLÁS"

Francisco Nicolás en un fotomontaje

Los embaucadores fascinan. Unos más que otros. Yo me embelesé a finales de los noventa con José Manuel Quintía Barreiros, "el capitán Timo", quien vestido de almirante o capitán levantó millones a unos cuantos a golpe de "Viva España" y el Ejército; en cambio, el puntiagudo y ombliguista Francisco Nicolás, "Charlie" para los crédulos universales, no ha logrado conmoverme ni medio minuto. Como a los malos magos se le ve el truco hasta en la última fila. Carne de cañón aderezada con ínfulas de niño bien en lugar de raterillo de bolso y tirón. 

Confieso que me provoca hastío periodístico y vital. Abre la boca y mis neuronas ansiosas de entrevistas deseadas se apagan una a una. Su "florida ideación" da para tapizar esos jardines de Zarzuela que asegura haber frecuentado. Repasando el historial del "capitán Timo" me ha sorprendido encontrar algunas similitudes en la forma de actuar (mucho más elaborada la puesta en escena de Quintía, sin duda), pero pertenecen a dos galaxias. Durante el juicio de quien se hizo pasar por marqués y caballero, todos los que declararon destacaron su notable inteligencia (también la pericial psicológica) y su elegancia a la hora de tratar a la gente. Hubo un pequeño constructor a quien adeudaba 700.000 pesetas que aseguró que lo invitaría a café pese a no haber cobrado jamás y un general estafado que admitió cierto "síndrome de Estocolmo". 

Nicolás, en cambio, lisonjero, hace esperar a sus citas hasta el hastío y las abruma con sus preocupaciones olvidándose de cualquier cortesía elemental. El día 1 de octubre, poco antes de que lo detuvieran, su único objetivo era saber a quién pertenecía la matrícula de un vehículo que supuestamente le seguía. Los mensajes que cruza con sus dos interlocutores (dos policías municipales que deberían explicar bastantes palabras) causan bochorno. Uno de ellos le cuenta que ha sufrido un infarto y está en Urgencias en el hospital. Ya dos días antes le había dado información sobre la matrícula. No la suficiente a la vista de la insistencia de Nicolás. Como su amigo no puede atenderlo recurre al segundo policía que está con su compañero en el hospital y aunque este le recalca la situación médica del primero, en menos de media hora le pide tres veces que le facilite lo que necesita (una de ellas se equivocó al enviarle la dichosa matrícula por whatsApp).  Al margen del tipo de personalidad que trasluce esa insistencia y ese "yoismo", a mí me asalta una duda que no me deja dormir. ¿Desde cuándo un "Charlie" como se autoproclamó el imputado por tres delitos, o colaborador del CNI como dijo de manera explícita, necesita que unos simples policías municipales husmeen matrículas? Yo creía que eso estaba tirado y se enseñaba en primero de espía. Voy a tener que dejar mi afición por las películas de serie B. 

lunes, 8 de diciembre de 2014

LOS HÉROES NO SALEN EN LA TELE

Sor Mary Luz Ibarz, en la cárcel de Estremera  Foto: Ignacio Gil (ABC)

El martes me llegó un mail escueto: "Hoy ha fallecido sor Mary Luz" y con ese breve mensaje y otros que le siguieron se definió ante mí la imagen pasada de un héroe de carne y hueso, frágil en apariencia, que levantaba pasiones e iba sembrando esperanza y vida a su enérgico paso. La conocí en diciembre de 2010, una mañana de frío helador que acabó en nevada, en un erial a 70 kilómetros de Madrid donde se levanta la cárcel de Estremera, ahora habitada por algunos ilustres. Mi compañero Ignacio Gil (uno de los mejores fotógrafos que conozco) y yo asistimos embobados, tras el escepticismo inicial, a su curso de pastoral bíblica, con hombretones de abultado historial penitenciario rendidos a sus palabras y a su despliegue de cariño. 

Un toxicómano casi la tira al suelo ensimismado en su infierno particular; algún funcionario la miraba desganado con un punto despectivo; el exespía del CNI Roberto Flores, condenado por traición la trató con una familiaridad de improbables mundos contiguos... Y allí estábamos Ignacio y yo desconcertados y traspasados por esas vidas quebradas que rezaban y seguían a una monja de 72 años, con una sonrisa permanente y un abrazo dispuesto y seleccionado para cada uno. 

Ese efecto era el que ella causaba en quien no la conocía: primero el estupor y luego la rendición. En esa época iba cada semana a la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias y le llevaba a Mercedes Gallizo cualquier cosa: una estampa, un verso... mientras le pedía que autorizase permisos a alguno de sus "preciosos" (como llamaba a los presos) al que iba a cuidar. Gallizo le hizo un "salvoconducto" para que la dejasen entrar en todas las cárceles para disgusto de algunos de sus responsables. Sor Mary Luz lo llevaba siempre encima, como un trofeo. "Es ingobernable", solían decir de ella, sin dar crédito a que un interno marroquí siguiera con la misma devoción su curso que el Ramadán. 

La Hija de la Caridad murió el martes tras pelear con un cáncer devastador y terminal. "He estado viendo a Mary Luz, la frágil monjita, que tantísimo ha hecho por los presos y que tan incomprendida ha sido... a veces. Desde ayer ha tenido una mejoría y me avisaron las hermanas del convento para que si quería fuese a verla... Me ha reconocido y he estado hablando con ella más de media hora. Su estado es terminal pero sigue preocupándose por los presos y diciendo a las hermanas lo que tiene que hacer... su sonrisa y la serenidad de sus ojos azules algo borrosos ya, se han quedado conmigo. El domingo en el horario que se la puede ver, aunque estaba muy mal me ha contado la superiora que pasaron por allí cerca de 300 personas. Si los santos existen, estoy seguro de que Mary Luz será uno de ellos". 

Este mensaje es de una de esas personas que se cruzó con "sor Tripi", como la llamaban los internos, por su trabajo penitenciario, nada que ver ni con las Hijas de la Caridad, ni siquiera con la religión. Es elocuente de la huella que esta mujer imprimía en los demás. Ella no salía en la tele y, sin embargo, es una de las grandes heroínas que han conocido muchos hombres y mujeres. Para ti la Paz, Mary Luz Ibarz Bazán. 

Les dejo el reportaje que escribí tras aquella visita a Estremera.    

http://www.abc.es/20101226/sociedad/presos-catequistas-201012252204.html


sábado, 26 de octubre de 2013

¡POLICÍA, LA CIA NOS ESPÍA!



Los diarios españoles llevan a la portada de sus digitales la siguiente noticia que mañana el semanario alemán Der Spiegel desarrolla a bombo y platillo: "EE.UU tuvo equipos de espías en Madrid y en otras capitales europeas". ¿Cómo que tuvo? ¿Acaso nos consideran ya tan ingenuos para intentar colarnos ese pretérito? Todos los servicios de inteligencia están diseñados para espiar a países y ciudadanos en el exterior que no sean los suyos. Es su base, el sentido de su existencia, sobre eso no hay discusión. Las oficinas no cuelgan el cartel de espionaje en su puerta ni se anuncian en el Segunda Mano, es obvio; pero igual de evidente es que están implantadas, consolidadas y consentidas por los Gobiernos correspondientes. Tienen agentes reconocidos con los que se trabaja de forma bilateral o multilateral en seguridad, terrorismo, crimen organizado o lo que toque, y agentes que se camuflan y pululan por las alcantarillas o las superficies deslizantes siguiendo las consignas recibidas.   

Con esta premisa me resulta pueril e inocente alarmarse porque la CIA nos espía. Agárrese amigo, porque no solo la CIA nos espía; nosotros también los espiamos a ellos. En el mismísimo corazón de Manhattan, el CNI, los nuestros, mantiene una oficina desde la que posiblemente espíen con atención y sin licencia de apertura a quien corresponda o se decida en ese momento porque constituya una amenaza para intereses españoles o bien porque pueda aportar claves económicas o políticas. En ella, me contaron hace un tiempo, trabaja un superviviente de un atentado sufrido por agentes españoles en el exterior, que sigue al servicio de la Casa. Todo muy peliculero, pero con suficientes dosis de realidad. 

Quizá la alarma suscitada por la noticia (Margallo ha convocado al embajador norteamericano en España) derive del nombre en la diana. No es lo mismo espiar al presidente de una empresa telefónica o de un banco -clientes habituales de los servicios de inteligencia- que apuntar directamente al presidente de un país, en este caso a la canciller Angela Merkel. Claro que de ser cierta la forma en la que grabaron su teléfono móvil (identificado supuestamente como "GE Chancellor Merkel") más valdría recurrir a John Le Carré y mandar a los chicos de la CIA a trabajos forzados.